Programa
Se pretende reflexionar acerca del lugar que ocupa el conocimiento del pasado en la educación, desvelando mitos, ocultaciones y sesgos y propiciando un debate propositivo que, desde la defensa de una historia con memoria, permita vislumbrar, con radicalidad, otras formas de abordar el pasado en un mundo convulso en el que se está quebrando el sistema de valores recogidos ya en la Declaración Universal de Derechos Humanos
La Educación para la Ciudadanía Global cuestiona el mismo concepto de ciudadanía, ya que, a partir de diferentes crisis migratorias, de refugiados y refugiadas, como las producidas por las guerras de Siria o Ucrania, o el genocidio de Gaza, entre otras, podemos preguntarnos quién es y quién no es ciudadanía. Frente a la globalización diseñada por el capitalismo, que busca solo beneficios, la Educación para la Ciudadanía Global defiende que el concepto de ciudadanía no es un concepto legal, sino un concepto moral. Hemos de defender un humanismo radical que se pregunta constantemente qué nos hace humanos y quién ha sido y es protagonista de la historia.
Una historia con memoria democrática debe recuperar a esa mayoría de la humanidad que no aparece en los manuales de historia, como las mujeres, los niños y niñas, identidades sexuales silenciadas, personas ancianas, las personas refugiadas, exiliadas o desplazadas, o las personas con alguna discapacidad. Una historia con memoria debe atender a la riqueza que nos proporciona la diversidad de todo tipo en una sociedad inclusiva.
El capitalismo ya ha resuelto en el pasado algunas de sus crisis más importantes con el recurso al imperialismo y al militarismo. En realidad, toda la historia de la humanidad ha venido obedeciendo a un relato y a una lógica de aniquilación, violencia, depredación y extractivismo, mediante el cual tanto sus efectos —guerras, genocidios, conquistas, expolios...—, como sus protagonistas —“grandes” hombres: héroes, conquistadores, emprendedores...—, han operado como auténticos parteros del progreso y de la civilización. ¿Qué podemos hacer desde la educación para subvertir e impugnar radicalmente este relato? La historia y la memoria nos muestra a dónde conducen esas políticas (genocidios coloniales, I y II Guerra Mundial, emergencias de los fascismos…). Es preciso modificar el sustrato epistemológico y antropológico que concibe la violencia como el motor de la Historia, al tiempo que es urgente contraponer el antimilitarismo, los derechos humanos, la justicia social, la cultura de la paz y el apoyo mutuo como propulsores y garantes del futuro de la humanidad.
Se invita a atender a la memoria de situaciones próximas en el espacio y en el tiempo, como el “Protectorado”, Guinea Ecuatorial, Sidi Ifni y el Sáhara, que puede ligar esta memoria con el origen del golpe de estado del 36 y el papel que tuvieron los militares africanistas, además de dialogar con problemas no resueltos en el presente como el Sáhara Occidental.
En estos talleres el protagonismo corresponde al alumnado, pero, para potenciar el carácter transversal del congreso, se propone que pueda participar cualquier congresista.
El contenido de estos talleres se publicará en la siguiente circular
En los anteriores congresos se ha presentado un amplio repertorio de proyectos de memoria en centros educativos, con características diversas. En este congreso también se presentan, en la segunda parte de la sesión, por parte del alumnado que participa en ellos. En esta mesa redonda se propone una reflexión sobre la gestión de estos proyectos: cómo son los primeros pasos, cómo se organiza el centro, qué dificultades encuentra, cómo es la relación con las familias, las administraciones educativas y memorialistas y otros agentes (asociaciones memorialistas), qué formas adoptan (proyectos de centro, proyectos intercentros…).
En los últimos años se han modificado profundamente las representaciones del pasado que maneja la juventud con el enorme protagonismo que han cobrado los medios digitales, y más en concreto las redes sociales de toda índole. Con una mezcla de perplejidad y preocupación, comprobamos que se han reactivado con inusitada fortaleza mitologías y falsedades desveladas y desmentidas hace mucho tiempo por la investigación rigurosa. No se trata únicamente de un desequilibrio entre altavoces mediáticos y mundo educativo; se trata también del cuestionamiento radical de uno de los principios fundamentales del pensamiento histórico, como es su carácter crítico y su capacidad para ponderar la verosimilitud o falsedad de una fuente o de un relato histórico. La misma categoría de “verdad” (con todos los entrecomillados que se quiera) queda en segundo plano ante representaciones del pasado que buscan conformar identidad, de forma muy mayoritaria en la dirección que marcan las diferentes extremas derechas, a las que se adhieren sin recato los grandes oligarcas propietarios de estos medios. ¿Cómo ubicarse en este combate desigual? ¿Qué papel le queda a la educación en esta tesitura?
A la mañana se habrá desarrollado un taller al respecto, es importante que las conclusiones se presenten en este diálogo.
Cada vez más, las escuelas atienden a una educación en memoria, analizando el patrimonio, la historia familiar o local, haciendo uso de dramatizaciones o asistiendo a espacios de interpretación histórica para que el alumnado tenga un conocimiento de los conflictos, de las injusticias, de la represión y la violencia que tuvieron lugar en el pasado. La educación infantil y primaria deben ser los momentos en que se ponen los fundamentos de una educación en memoria democrática.
¿Qué y cómo educar en memoria historia en educación infantil y primaria? ¿Qué temáticas y qué metodologías son las más adecuadas en cada etapa educativa? ¿Qué experiencias conocemos de otros países? ¿Qué investigaciones nos permiten pensar en una innovación en educación histórica sobre la memoria en educación infantil o primaria? ¿Cómo el tratamiento de la memoria histórica en la escuela puede ayudarnos a comprender mejor la importancia de los derechos humanos?
Es evidente que cualquier cambio educativo que se quiera introducir en la enseñanza debe comenzar por una renovación en la formación del profesorado, si no es así cualquier intento de mejora fracasará. En el caso de la memoria histórica hemos de concienciar al profesorado de la importancia de una educación en memoria, tanto como personas que forman parte de la ciudadanía, como por su labor como docentes. Así, nos planteamos algunas preguntas para el debate, entre otras: ¿Qué formación debe recibir el profesorado en memoria histórica? ¿Qué competencias profesionales deben desarrollar los y las docentes para educar en memoria? ¿Cómo interpreta el currículum el profesorado con relación a la propuesta de educación en memoria democrática? ¿Cuál es la responsabilidad sobre la memoria histórica, más allá del currículum? ¿Qué responsabilidad tienen las comunidades autónomas que no ofertan formación del profesorado en memoria cuando es una obligación legal? ¿Cómo se podría incidir sobre estas administraciones?
La educación en memoria no debe limitarse a espacios formales o centros de enseñanza de las diversas etapas educativas preuniversitarias o universitarias. Toda la ciudadanía tiene el derecho a conocer el pasado y las problemáticas que plantea el debate sobre la memoria. Se trata de acercarnos a lo que se ha venido en denominar usos públicos de la historia, desde una cultura democrática, que conecta la memoria con todo tipo de asociaciones y personas comprometidas. La educación histórica con memoria también debe fomentar la participación de la ciudadanía a partir de archivos familiares o locales, en colaboración con la ciencia histórica, promocionando una ciencia abierta donde la ciudadanía escribe su propia historia. Esta colaboración debe llegar también a las escuelas.
Si la escuela se abre a la sociedad, y la sociedad civil llega a la escuela: ¿Qué papel juegan o pueden jugar las asociaciones para favorecer la experiencia histórica del alumnado en memoria democrática? ¿Cómo pueden favorecer el contacto con una historia viva, más allá del libro de texto, que cuestiona los relatos hegemónicos, que fomenta la emergencia de emociones y, al mismo tiempo, de racionalidad histórica? ¿Cómo pueden ayudar las asociaciones en los centros educativos a humanizar la historia, más allá de los relatos oficiales?
Múltiples experiencias presentadas en ediciones anteriores del Congreso han puesto de relieve la fecunda relación entre diálogos intergeneracionales, prácticas creativas del alumnado y experiencias en lugares de memoria. Son numerosos los enfoques, donde en ocasiones se pone el acento en la preparación y desarrollo de una práctica artística, y en otras principalmente en el significado de las memorias afloradas en un determinado espacio. Todas ellas coinciden en el protagonismo que asume el alumnado en esos procesos de aprendizaje.
Otra dimensión importante que se pretende abordar en esta sesión es la de las redes colaborativas de centros educativos y profesorado en torno a lugares de memoria. Como fruto del primer congreso nació RedMemoria, que se ha consolidado como una realidad fecunda en el panorama educativo, sobre todo tras el I Encuentro con alumnado en octubre de 2025. Pero existen, además, otras redes tanto autonómicas como internacionales, en torno a proyectos transfronterizos, como Mithic en los Pirineos occidentales, o Exilis en los orientales, además de otras redes de colaboración transoceánicas.
Esta sesión se planifica con una doble actividad: talleres que susciten el debate y un plenario sobre redes colaborativas. El llamamiento a comunicaciones se realiza para la sesión en su conjunto, y posteriormente se abordarán en alguna de las actividades, según su afinidad con la temática principal de los talleres o del plenario, que se definirán también atendiendo a los núcleos de interés que manifieste el profesorado en sus propuestas de comunicación.
En estos talleres puede participar cualquier congresista, incluyendo al alumnado.
El contenido de estos talleres se publicará en la siguiente circular.